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larcomar

Luego de muchas historias sin conocerse, un viaje alocado de verano llevó a ellos a vivir el abril más intenso de sus vidas. Desilusiones del pasado habían apagado la llama del amor en aquella mujer, la emoción de conocerlo era débil pero quería de alguna manera escapar del vacío momento en su vida, descubrir y experimentar nuevas emociones.

Con profundo miedo y ganas de arrepentirse ella intentó dormir la última noche, para al día siguiente huir a la ciudad de sus sueños, mientras la distancia se acortaba y el reloj marcaba la llegada se hacía notar la impaciencia y nerviosismo, al llegar el lugar se mostraba oscuro y tenue, caminó perdida buscando entre la gente hasta que lo encontró, desde que miró sus ojos supo reconocerlo, era igual como lo había imaginado, ambos susurraron sus nombres y el abrazo de bienvenida no se hizo esperar.

La aventura plasmada en un ordenado itinerario, daba paso al primer recorrido dentro de la vieja ciudad, iglesias, parques y museos hacían placentero el tiempo de conocerse. Una mirada de ella hacia las construcciones coloniales hizo detener el tiempo por unos segundos, momento propicio para el rozar con sus labios la mejilla de la dama, este fue el primer paso que hizo desatar las caricias reprimidas de ambos. La noche los atrapó sentados en una plaza llena de luces, miraban la gente pasar en carruajes llevados por hermosos caballos blancos, mirándose a lo ojos se tomaron las manos y huyeron en busca de algún lugar para descansar.

Mientras desnudaban su timidez, una hermosa luna se dejaba observar desde la ventana al igual que las putas en la equina del bar, un diálogo inocente desbordó sonrisas e invitar a la putas pasar quisieron intentar. Aún ausentes de sueño intentaron descansar recordando ese primer beso que los hizo despertar.

La mañana siguiente abandonaron la ciudad, iniciaron un recorrido de hermosos paisajes, naturaleza salvaje y caricias más intensas. Inteligencia y sabiduría en cada conversación lograron descubrir el mundo interior de ambos, era inevitable notar la necesidad de amar como locos, las horas pasaban y con ellas la indecisión de conocer la ciudad o conocerse entre ellos se hacía presente, ninguno esperaba tanto, ninguno quería enamorarse pero  lo que antes era desconocido, se volvía dulce e inmensamente tierno. Así se conocieron y enamoraron, caminando juntos de la mano por las calles de la ciudad de los sueños.

En la última noche, la más dolorosa, se creó un ambiente de incertidumbre, al día siguiente debían despertar del sueño, callados y con un profundo sentimiento de dolor al saber que los días que vendrán serán para aliviar el dolor de no verse nunca más, intentaron no hablarse y olvidar todo el sentimiento que había crecido. Resultó imposible intentarlo, era la última, y fue la más bella de todas, un vino, una canción, velas y aquella noche fría fueron el escenario de la más dulce historia de amor.

Nada se compara el frío que vivieron luego de verse partir, esa desgarradora sensación de estar perdiendo algo a lo que habías empezado a amar hizo que ambos lograran desaparecer y perder contacto durante algunos meses. En la actualidad el dolor ha desaparecido, la amistad volvió y recuerdan con mucha alegría lo vivido, a pesar de el tiempo aún siguen pensando en el ayer. ¡Un bello abril para recordar!

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